Una carta a su novia, de la otra mujer que desearía conocer mejor

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En este momento, ya debes haber escuchado de mí.

No te preocupes; él no me amaba más de lo que te amaba a ti. Desde hace algún tiempo he tratado de convencerme de lo contrario, como si tal vez mi cuerpo fuese un palacio y el tuyo un callejón oscuro que tendría sentido para él dejarlo sin realmente salir, y para dormir en el mío sin pagar alquiler.

A veces me sentía como si te estuviese haciendo un favor, incluso en la oscuridad moral de dejarle romper el corazón a otra persona.

Sobre todo, estaba convencida de que pronto, algún día, iba a elegir sólo una de nosotras y esa persona sería yo.

Sé que debo más que una excusa, pero déjame terminar. Pasé tanto tiempo insistiendo en que tú y yo estábamos compitiendo. Cualquier cualidad tuya que oía por otras personas, me ponía a la defensiva.

Tenía que ser lo contrario de lo que tu eras. Cuando otros decían que estabas loca; yo me calmaba. Si decían que eras demasiado linda; me moría de la rabia.

Dejé que las opiniones de los demás formaran una caricatura de ti, y del mismo modo, dejé que mi miedo de perderlo, dibujara una propia. Pero ahora veo que las dos estábamos igual: con mucho miedo, muy vulnerables y ambas luchando por alguien que nunca podría comprometerse plenamente.

Me equivoqué por no darme cuenta antes. Ahora sé que la forma en que nos trataba a las dos, tenía poco que ver con la forma en que nos tratábamos la una a la otra.

La otra noche, un amigo lo escuchó decir en un partido que su novia lo hizo enojar y que necesitaba engañarla con otra para poder tenerla de vuelta.

No fue porque su novia actual no era lo suficientemente bonita o porque la otra chica era la que realmente quería. Para él, el afecto es una moneda en la que todas las mujeres en su vida tienen que demostrarle que valen la pena.

A pesar de que independientemente habría roto tu corazón, me da vergüenza haber racionalizado algo tan egoísta de su parte para yo poder actuar de la misma manera.

Así como estoy de avergonzada por lo que hice, estoy aún más avergonzada de mí misma por las cosas que no hice, como el no haber pensado en tus sentimientos. No me detuve cuando nos perseguíamos el uno al otro, ni tampoco cuando estuvimos juntos, no fui capaz de mirar dentro de mí, aunque sea por un segundo, para encontrar un poco de compasión por ti o un poco de amor por mi misma.

Pensé que este tipo de cosas no iban conmigo. Nunca me hubiera imaginado a mí misma como el tipo de persona que lucha por ganar a alguien, que no fuera yo misma, y pasar a llevar a alguien como tú, que no se lo merecía.

A pesar de que ya ha pasado un tiempo, todavía me pregunto cómo llegué a hundirme tanto. ¿Por qué situaciones como éstas llevan a alejar a mujeres como tú y yo la una de la otra? ¿Por qué nos tardamos tanto tiempo en darnos cuenta que las dos somos víctimas de la misma egoísta crueldad?

Sé que aún tengo mis propios errores por los cuáles responder, pero si pudiera hacerlo todo de nuevo, habría intentado conocerte. Porque cuando llegó a rogarme después de sus peleas, insistiendo en que era yo realmente la persona con la que quería estar, yo podría haberlo rechazado y haberlo devuelto a tus brazos.

Entonces tal vez nunca tendríamos que experimentar esta amargura mutua y la vergüenza. Tal vez esta historia podría terminar de otra manera. Tal vez esta historia podría convertirse en una en la que las dos aceptáramos y tuviéramos la esperanza de despertáramos sabiendo que valemos más de lo que jamás esperaríamos.

Atentamente,

La Otra Mujer Arrepentida